Yo
suponía que podía amar a una mujer sin sentir el más leve deseo. ¿No era la
suposición más absurda de la historia de la humanidad? Sin darme cuenta de este
disparate, pretendía convertirme en un Copérnico de la teoría del amor. Con tal
fin –y naturalmente de forma involuntaria-, llegué a creer en el amor
platónico. Aunque parezca una contradicción con respecto a lo que he escrito
antes, creía sonceramente y a pies juntillas en ese tipo de amor, con toda la “pureza”
que implica. Aunque, ¿no sería más bien que era sólo en su “pureza” en lo que
yo creía, y no en su objeto? ¿No sería a la “pureza” a lo que había jurado
fidelidad?
-Confesiones de una máscara-