Benditos años, un lastre para el cuerpo, una cadena al cuello mientras intentas flotar.
Todos cumplimos años y el tiempo, entre nosotros, sólo es relativo a un origen ficticio, a un punto espacio-tiempo creado por la sociedad para ponernos una fecha de caducidad.
Cuando nacemos no somos más que yogures. Un producto orgánico consumido por el oxígeno; nos oxidamos por fuera, nos oxidamos por dentro y lo único que alguna vez podrá entrar en combustión es el corazón.
Me entristece ver a la gente que cuenta su existencia con números. La crisis de los 20, 25, 30... cambian, se apagan, maduran y se dejan arrastrar por los aspectos superficiales menos importantes.
Una vez que sabes contar, sabes cuándo vas a morir.
El día en que la gente entienda que cumplir años sólo depende de nosotros mismos, seremos inmortales y el tiempo se detendrá para disfrutar de la verdadera vida.
