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No hay tiempo de respirar


Todo es tan lejano que basta abrir los ojos al despertarse para sentir como explota el universo. No hay tiempo de respirar, de tomar la primera bocanada de aire para no asfixiarte entre las sábanas. 

Boca arriba en tu cama levantas los brazos que, entumecidos, buscan algo para aferrarse, una mano amiga que te rescate, pero solo encuentran aire. 

La luz entra a través de las rendijas de la vieja cortina y se rompe en mil estrellas que chocan contra las paredes, como disparos en la oscuridad, haciendo el mismo sonido sordo.

¿Qué le pasa a la belleza? ¿Dónde se ha ido? Ya no hay fotos donde miran los ojos, ya no hay música donde escuchan los oídos, ya no hay belleza donde antes palpitaba el corazón.