Me apetecía escribir algo pero no tenía pensado nada, lo siento, toca hacer el imbécil, otra vez.
Hoy me desperté. Por suerte me desperté. Y me desperté a alguna hora, no estoy seguro a cual de todas, pero estoy seguro que tenía minutos pero no segundos.
Odio lo segundos. Los segundos te hacen contar el tiempo y odio contar el tiempo. No estoy seguro de tener eso que dicen TOC, aunque hoy en día hay una gran variedad de enfermedades par elegir y que te diagnostiquen, un mundo libre el nuestro. Lo que sí estoy seguro es que a veces cuento el tiempo y siempre es desde veinte hasta cero ¿Porqué veinte? No lo sé. Diez parece poco y treinta mucho.
Después de despertarme me preparé el desayuno, “lo mismo de siempre”.
Odio desayunar, pero me encanta comer, merendar y cenar ¿Porqué odio el desayuno? No lo sé, pero lo odio.
Cuando me aburrí de odiar decidí ir a clase. Parece mentira que uno pueda despertarse de buen humor odiando tantas cosas transcurridos apenas unos minutos, pero no segundos, de la mañana. Pues no es así, no me despierto de buen humor.
Ir a clase es una tarea que he ido perfeccionando con el paso de los años. Al principio iba caminando, después en bicicleta y ahora en transporte público. Ahora sí, si vas a la facultad y te das cuenta que no tienes clase eso no te sirve de nada. Si tuviese TOC me hubiese fijado veinte veces el horario de clase antes de salir. Que pena, supongo, no sé.
Víctima de la soledad intenté contactar con alguien para que mi viaje no hubiese sido en vano y lo conseguí. Disfruté de un rato al sol rodeado de gente rara.
Me encanta la gente rara. La gente rara es gente de verdad, que no tiene prejuicios ni vergüenza. Son las personas más felices justamente por lo que acabo de decir. Si tu tampoco tienes prejuicios puedes disfrutar como el que más con las cosas más tontas del mundo. La gente rara me gusta porque me rompen los esquemas. Ellos no saben lo que son veinte segundos, a ellos no les gustan las matemáticas, ellos simplemente cuentan como más les guste.
Después comí. He dicho que me encanta comer.
Después dormí una siesta. Aunque no he dicho que también me gusta dormir siesta.
Luego me fui a casa de una amiga. También es rara. La conozco desde hace tela de tiempo y la veo porque es rara y la gente rara me cae bien ¿Lo he dicho? Creo que todavía no lo he dicho veinte veces. La gente rara me gusta.
Yo no estoy seguro si soy raro, creo que soy curioso, que es una especie de rareza pero con elegancia.
Hoy me desperté. Por suerte me desperté. Y me desperté a alguna hora, no estoy seguro a cual de todas, pero estoy seguro que tenía minutos pero no segundos.
Odio lo segundos. Los segundos te hacen contar el tiempo y odio contar el tiempo. No estoy seguro de tener eso que dicen TOC, aunque hoy en día hay una gran variedad de enfermedades par elegir y que te diagnostiquen, un mundo libre el nuestro. Lo que sí estoy seguro es que a veces cuento el tiempo y siempre es desde veinte hasta cero ¿Porqué veinte? No lo sé. Diez parece poco y treinta mucho.
Después de despertarme me preparé el desayuno, “lo mismo de siempre”.
Odio desayunar, pero me encanta comer, merendar y cenar ¿Porqué odio el desayuno? No lo sé, pero lo odio.
Cuando me aburrí de odiar decidí ir a clase. Parece mentira que uno pueda despertarse de buen humor odiando tantas cosas transcurridos apenas unos minutos, pero no segundos, de la mañana. Pues no es así, no me despierto de buen humor.
Ir a clase es una tarea que he ido perfeccionando con el paso de los años. Al principio iba caminando, después en bicicleta y ahora en transporte público. Ahora sí, si vas a la facultad y te das cuenta que no tienes clase eso no te sirve de nada. Si tuviese TOC me hubiese fijado veinte veces el horario de clase antes de salir. Que pena, supongo, no sé.
Víctima de la soledad intenté contactar con alguien para que mi viaje no hubiese sido en vano y lo conseguí. Disfruté de un rato al sol rodeado de gente rara.
Me encanta la gente rara. La gente rara es gente de verdad, que no tiene prejuicios ni vergüenza. Son las personas más felices justamente por lo que acabo de decir. Si tu tampoco tienes prejuicios puedes disfrutar como el que más con las cosas más tontas del mundo. La gente rara me gusta porque me rompen los esquemas. Ellos no saben lo que son veinte segundos, a ellos no les gustan las matemáticas, ellos simplemente cuentan como más les guste.
Después comí. He dicho que me encanta comer.
Después dormí una siesta. Aunque no he dicho que también me gusta dormir siesta.
Luego me fui a casa de una amiga. También es rara. La conozco desde hace tela de tiempo y la veo porque es rara y la gente rara me cae bien ¿Lo he dicho? Creo que todavía no lo he dicho veinte veces. La gente rara me gusta.
Yo no estoy seguro si soy raro, creo que soy curioso, que es una especie de rareza pero con elegancia.